FUEGO EXTRAÑO EN TU ALTAR
"Fuego extraño
en tu altar" (68)
Pastor Henry Vivas
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Nadab y Abiú fueron dos hijos de Aarón que
tuvieron el privilegio de ser sacerdotes de Israel como su padre. No eran
cualquier cosa. En (Éxodo 24) se lee que ocuparon un lugar prominente entre los
príncipes de Israel, sin embargo, pese a su alta investidura, murieron por
desobedecer a Dios.
(Levítico 10:2): "Y salió fuego de delante
de Dios y los quemó y murieron...". Importante lección para el liderazgo
cristiano, pues a quienes primero Dios pide cuentas es a los líderes, las
cabezas, los cuales, en caso de negligencia, podrían ser castigados por el
Señor con una disciplina ejemplar.
Un rápido repaso por la vida de Aarón, nos
permitirá saber que él no fue un padre en quien sus hijos vieran un modelo o un
buen ejemplo a seguir. Aarón fue sumamente débil de carácter cuando se dejó
manipular por el pueblo para hacer un becerro de oro: (Éxodo 32).
Además, Aarón se sumó a María para murmurar de su
hermano Moisés cuestionando su liderazgo. Tal temeridad hizo que Dios castigara
a María con lepra por haber estado en contra de la designación que Dios hizo de
Moisés. Una de las cosas que el Señor condena es la murmuración: (Números 12).
Dice el primer versículo de (Levítico 10), que
cada uno de los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, tomó su incensario y ofreció
fuego extraño que Dios nunca les mandó. En otras palabras, hicieron las cosas a
su manera, de forma irrespetuosa, actuando como ellos querían, y no como Dios
ordenó.
Hoy también existen personas que actúan como
Nadab y Abiú. De vez en cuando los oímos decir: "A mí nadie me
manda", "Yo hago las cosas como quiero". "Yo amo a Dios,
pero a mi manera", obviando que para seguir a Cristo tenemos que negarnos
a nosotros mismos: (Lucas 9:23).
(Gálatas 2:20): "... ya no vivo yo, mas
Cristo vive en mi...". Hay fuego extraño en la iglesia cuando el Pastor
como cabeza (Aarón), no pone orden y permite que los líderes o cualquier otra
persona participen del Altar, a sabiendas que andan en pecado que atenta contra
la santidad que Dios exige.
(Hebreos 12:14): "Seguid la paz con todos y
la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Quizás Nadab y Abiú
actuaron bajo la influencia de bebidas alcohólicas como vino o sidra, en estado
de ebriedad, violando la Orden de Dios cuando los sacerdotes entraran al
Tabernáculo: (Levítico 10:9).
Muchos son los ebrios espirituales que hoy ofrecen
fuego extraño en las cosas de Dios y en sus vidas. Tienen la mirada turbia,
borrosa, como cualquier persona alcoholizada, y eso les impide ver los asuntos sagrados
con claridad, así como carecer de un buen discernimiento espiritual.
La Orden de Dios de no tomar vino ni sidra era
para que los sacerdotes de Israel supieran discernir entre lo santo y lo
profano, entre lo inmundo y lo limpio. El ebrio espiritual, a lo santo le llama
profano, y a lo profano le llama santo, a lo inmundo llama limpio, y a lo
limpio llama inmundo.
(Levítico 10:10): "... para poder discernir
entre lo santo y lo profano y entre lo inmundo y lo limpio...". Ofrecemos
fuego extraño al llevar una vida desordenada no acorde a la Voluntad de Dios.
En (Gálatas 3:3) el apóstol Pablo dice: “¿Habiendo comenzado por el Espíritu
ahora vais a acabar por la carne?”
En suma, hay fuego extraño cuando nuestro corazón se llena de toda obra de la carne como odio, adulterio, fornicación: (Gálatas 5:19). Cuando justificamos nuestras debilidades y no hacemos mucho o nada por cambiar. (Romanos 12:1): "... que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo...".
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