LA DUDA DE JUAN EL BAUTISTA
"La duda de
Juan el Bautista" (70)
Pastor Henry Vivas
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(Mateo 11:3): ¿Eres tú aquel que había de venir o
esperaremos a otro? Esta pregunta de Juan el Bautista no deja de sorprender,
puesto que, al indagar en su vida ministerial, vemos que en su discurso
profético siempre hablaba con autoridad acerca de la primera venida del Señor a
la Tierra.
Como su precursor, fue el hombre que preparó el
camino para la aparición pública de Jesús y en una muestra de suprema humildad,
decía que no era digno de desatar las correas del calzado de Cristo. Además, adelantaba
que Jesús no bautizaría en agua, sino en Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3:11).
Es decir, para los que confiesan sus pecados y se
arrepienten, el bautismo de fuego apunta a la obra purificadora y santificadora
del Espíritu Santo. Pero, para los que se niegan a arrepentirse, el bautismo de
fuego es el Juicio de Dios. “Nuestro Dios es fuego consumidor”: (Hebreos
12:29).
Asimismo, Juan el Bautista tuvo el enorme
privilegio de bautizar en agua al Señor, un acontecimiento especial en el que
seguro fue testigo de la acción conjunta de la Trinidad: ((Mateo 3:16-17). Por
todo lo anterior, cuesta creer que Juan el Bautista tuviera dudas sobre la Persona
y Misión del Señor.
Unos creen que se frustró porque creía que Jesús
era el caudillo que libraría a Israel de la bota romana. Otros, que envió a sus
hombres a preguntar a Jesús si era el Mesías, para que se convencieran por sí
solos del cumplimiento de las profecías, y así traspasar su liderazgo, legado y
discípulos a Cristo.
Y la tercera creencia es que Juan el Bautista realmente
dudó. Aquí aprendemos que en nuestro andar diario nos podría pasar igual que a
este gran siervo de Dios, pues cuando hay pruebas nos asalta la duda y se nos
olvida que el Dios que nos llamó es Fiel a su Palabra y nunca nos abandonará.
Dice en (1 de Corintios 10:12): "Así que el
que piensa estar firme, mire que no caiga". En otras palabras, que no nos
creamos los super espirituales, que por muy fuertes que nos sintamos, no nos
confiemos, que le pidamos a Dios más de su Gracia y Poder para afrontar circunstancias
adversas.
Podría ser que en un duro momento le digamos a
Dios, así como Juan el Bautista en la cárcel: ¿Eres tú en quien tanto he
confiado?, ¿Eres tú sobre quien yo predicaba con vehemencia y mira donde estoy
ahora? Tanto que te he servido. ¿Por qué me pasa esto? ¿Dónde estás ahora que
más te necesito?
El enemigo siempre trata de ensuciar nuestra
mente haciéndonos creer que Dios se ha alejado, pero si hemos sido fieles,
podemos estar seguros que Él está con nosotros y con un propósito ha permitido
que padezcamos. Dios nunca nos abandona en el desierto de la prueba: (Isaías
43:2).
Una característica del mensaje de Juan el
Bautista era que hablaba alto, claro y directo, con la verdad pura y dura,
decía las cosas sin ambages, o como se dice popularmente "sin pelos en la
lengua". Por eso enfrentó a las sectas de fariseos y saduceos llamándolas
generación de víboras: (Mateo 3:7).
A Herodes le dijo en su cara que era inmoral
tener a su propia cuñada como mujer: (Mateo 14:3). En definitiva, Juan el
Bautista no era "perro mudo", como llama (Isaías 56:10) a los malos
Pastores, y cayó preso por denunciar el pecado y pagando con su vida el precio
de decir la verdad.
Jesús lo exaltó como el hombre que vivió firme en sus principios, asesinado, pero en victoria con Cristo, quien también pagó un alto costo por ser y decir la verdad. Quien quiera seguir a Jesús pagará un alto precio por decir la verdad y morirá literal o simbólicamente decapitado como Juan el Bautista.
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