VUÉLVEME EL GOZO DE TU SALVACIÓN

"Vuélveme el gozo de tu salvación" (66)

Pastor Henry Vivas (WhatsApp +505 8960 5699)

En el libro de (2 de Samuel 11), se cuenta la historia de David ya posicionado como rey de Israel, y, cierto día, cuando todo su ejército andaba en la guerra, el rey, en vez de sumarse, se quedó en la terraza de su palacio entregado al ocio, desde donde vio a una hermosa mujer llamada Betsabé.

David embarazó a la mujer y tratando de tapar su pecado trajo del campo de guerra a Urías, marido de Betsabé para que se acostara con ella, pero como Urías era hombre íntegro, se negó a ir a su casa diciendo que su deber era estar en la batalla donde finalmente murió por órdenes de David.

Para Dios que todo lo ve y no se complace en la injusticia, la acción de David le fue aborrecible y le envió al profeta Natán. Ya descubierto imploró perdón a Dios, y con un corazón arrepentido escribió (Salmos 51) del cual se desprende el título de este mensaje: "Vuélveme el gozo de tu salvación".

Quizás David creyó que, por ser el rey, podía pecar con licencia sin pagar las consecuencias. Debemos saber que mientras más alto nos coloque el Señor, igual de alto es nuestro compromiso, que mientras Dios más nos dé, más nos va a demandar como líderes y obreros en su Obra.

En medio del escándalo, David fue capaz de admitir su pecado y no fue soberbio, sino que postrado de rodillas rogó a Dios para que no muriera su hijo, fruto de la prohibida relación con Betsabé, y a pesar de que el Señor no se lo concedió, David dio gracias y le adoró: (2 de Samuel 12:20).

En (Salmos 51), podemos percibir a un hombre atribulado sin paz interior por haber pedido el gozo de la salvación. Es menester resaltar que David no estaba afligido por haber perdido la salvación, pues Dios ya lo había perdonado, sino que había perdido el gozo que produce la salvación.

Hay miles de hombres y mujeres en todo el mundo que se identifican con (Salmos 51), pues sienten que fue escrito especialmente para el momento que están viviendo. Tal vez han cometido algún pecado de gravedad y se sienten sucios, perdidos, creen que Dios no los perdonará.

La buena noticia es que nuestro Padre Celestial es un Dios de Misericordia y de oportunidades para comenzar de nuevo. Él solo desea ver un arrepentimiento sincero y que no haya intención de volver a pecar para decirnos como a la mujer adúltera en (Juan 8:11): "Vete y no peques más”. 

David gritó en (Salmos 51:11): "No quites de mí tu santo Espíritu". Esto nos enseña que el Espíritu Santo se entristece y se aparta cuando una vida está llena de pecado y no corrige su situación. (Efesios 4:30). A David no le importaba perder sus privilegios, sino la Presencia de Dios.

Quizás muchos, así como David, han perdido el gozo de la salvación y lo reflejan porque andan enojados, tristes, amargados. Tal vez les agobia un sentimiento de culpabilidad por algún pecado grave cometido, ya sea en su pasado o en su presente, temiendo al futuro.

La culpa los acosa y el diablo los acusa diciéndoles que Dios no los perdona, pero de David aprendemos que Dios atiende el corazón contrito y humillado. Un cuerpo inactivo y una mente desocupada es presa fácil del diablo. Una mente vacía de lo espiritual, está llena de lo carnal. (Romanos 8:5).

Por los pecados de David, Dios tenía suficientes razones para quitarle el reino y hasta la vida, pero no fue así. El Señor le permitió continuar como rey, vivir muchos años más, y cumplió su Promesa de que el Salvador del mundo, Jesús, vendría de uno de los descendientes de David.

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