EL PODER DE LEVANTAR LAS MANOS AL CIELO
"El poder de
levantar las manos al Cielo" (85)
Pastor Henry Vivas
(WhatsApp +505 8960 5699)
Según (Hechos 13:19), con el propósito de cumplir
su Palabra de dar a Israel la Tierra Prometida, Dios destruyó siete naciones o
tribus que habitaban en la tierra de Canaán, porque el Señor lo que promete lo
cumple, sin embargo, el pueblo también tenía que poner de su parte y pelear por
su bendición.
Fueron grandes batallas las que libró Israel con
Moisés y Josué al frente, y por supuesto con Dios como Columna de Nube en el
día, y Columna de Fuego por la noche: (Éxodo 13:21). Una de esas batallas fue
cuando la tribu de Amalec, enemiga acérrima de Israel, se interpuso en su
camino.
Dice el relato bíblico que mientras Moisés como
líder principal del éxodo alzaba su mano, el pueblo avanzaba, no obstante,
cuando Moisés se cansaba físicamente por el gran esfuerzo de tener la mano
levantada y agotado la bajaba, entonces los israelitas retrocedían. (Éxodo
17:11).
¿Qué nos enseña todo esto? Que la garantía de la
victoria del pueblo sobre sus enemigos no era solo la fuerza física, la fuerza
humana de Moisés y de la gente, sino también su dependencia de Dios. Si
queremos obtener victoria en nuestras batallas diarias, necesitamos depender
más del Señor.
Tenemos que aprender a dejar de confiar menos en
nuestra fuerza, inteligencia o habilidades. Para ello es necesario levantar las
manos orando y alabando a Dios, a fin de recibir el Poder y la Sabiduría del
Cielo. Moisés se cansaba de levantar la mano, y por eso Aarón y Hur llegaron en
su auxilio.
Así nos cansamos todos y necesitamos una palabra
de aliento para conseguir nuevas fuerzas y seguir peleando contra ese espíritu
de Amalec, que representa todo estorbo que se interpone para detener la
bendición. Nuestras manos levantadas son tan importantes que con ellas alabamos
a Dios.
Le alabamos en señal de triunfo o agradecimiento,
además, por medio de las manos levantadas pedimos ayuda en horas de angustia.
Con las manos tenemos el poder de transmitir unción, sanidad, ánimo y
fortaleza. (Marcos 16:18): "... sobre los enfermos pondrán sus manos y
sanarán".
El apóstol Pablo le dijo a su joven discípulo
Timoteo que avivara el fuego del don de Dios que estaba en él por la imposición
de sus manos, es decir, fueron las manos de Pablo las que transmitieron Poder
de Dios a Timoteo: (2 de Timoteo 1:6). “Por lo cual te aconsejo que avives el
fuego…”.
En el momento en que nos disponemos a adorar a
nuestro Buen Dios, no podemos hacerlo con las manos hacia abajo, porque eso
denota indiferencia, derrota o desánimo. Levanta tus manos y adora a Dios en
cualquier circunstancia en que te encuentres, ya sea de alegría o de tristeza.
Levanta tus manos si estás agradecido, o en señal
de confianza si no ha llegado la respuesta, si te sientes abatido y necesitas
fuerzas. Levanta tus manos, aunque no tengas fuerzas y verás cómo el Espíritu
Santo te fortalece. Levanta tus manos, aunque no entiendas lo que estás
pasando.
Asegúrate que, al levantar las manos al Cielo, estés
en paz con Dios y con tu prójimo: (1 Timoteo 2:8): "… levantando manos
santas sin ira ni contienda". Cada vez que las levantas, reconoces la Bondad
del Padre, sin cuya Presencia nuestra vida no tendría sentido, y que dependemos
solo de Él.
Al levantar las manos y doblar las rodillas nos humillamos ante su Presencia. Sin duda el rey David conocía el poder de levantar las manos, y en un momento difícil de su vida viviendo en el desierto de Judá escribió en (Salmos 63:4): "Así te bendeciré en mi vida, en tu nombre alzaré mis manos".
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