SI JESÚS LLEGARA A TU CASA

"Si Jesús llegara a tu casa" (86)

Pastor Henry Vivas (WhatsApp +505 8960 5699)

¿Cómo recibirías a Jesús si llegara a tu casa? ¿Harías como Simón el fariseo que lo trató fríamente, o como la mujer pecadora que agradecida no se cansaba de besar sus pies? Aunque el relato de Lucas no lo dice explícitamente, parece que Simón el fariseo era alguien pudiente. (Lucas 7:44).

Este hombre invitó a Jesús a comer a su casa, pero no para agasajarlo, puesto que tal vez su intención era conocer de primera mano cómo podría hacer la secta legalista religiosa para tener de qué acusarlo. Tampoco hay información sobre la identidad de la mujer que lavó y besó los pies del Maestro.

Pero, hay un consenso de que no era María Magdalena, una atormentada mujer de quien Jesús echó siete demonios: (Lucas 8:2). Tampoco María, hermana de Lázaro que en Betania también ungió sus pies: (Juan 12:3). Quizás era una ex prostituta eufemísticamente llamada "mujer pecadora".

En esta escena de la vida de Jesús, resalta el hecho de que el Señor aceptó la invitación del fariseo a comer en su casa para enseñarnos que Él no discrimina a nadie. Nuestro Dios no nos da una, sino varias oportunidades, y precisamente este fariseo necesitaba ser visitado por Jesús.

Quizás algunos de sus discípulos pensaron que cómo era posible que Jesús, que había tenido tantos enfrentamientos verbales con la secta de los fariseos, y, por lo tanto, los había reprendido muchas veces, ahora estuviera comiendo en la propia casa de uno de ellos.

A pesar de la hipocresía y de la doble moral mostrada por los fariseos, este Simón no fue marginado por Jesús y también tuvo la oportunidad de recibir las buenas nuevas de salvación de boca del propio Señor, quien se acerca a todo aquel que le invita a entrar a su vida con un corazón sincero.

(Lucas 7:37) dice que la mujer llevó un frasco de alabastro con perfume para ungir los pies de Jesús. Tal vez compró ese caro perfume con la “venta” de su cuerpo, lo cual nos muestra que no importa que tan sucios vayamos a Jesús, Él nos limpia al ver un corazón arrepentido y dispuestos a cambiar. 

Ya en casa de Simón el fariseo, Jesús "leyó" sus pensamientos y lo confrontó directamente, pues dudaba de que Cristo fuera quien decía ser, y, además, menospreció a la mujer pecadora que venció su mala reputación y con valentía, sin ser invitada, se acercó a lavarle los pies.

Como todo "buen fariseo", Simón representa al prototipo de personas acusadoras, condenadoras y no restauradoras, señaladores y no edificadores, ya que su marcado legalismo religioso les hace ser extremadamente estrictas por una mala percepción de la santidad.

Jesús fue Santo, pero no tuvo prejuicios para ir a los pecadores. En este caso se dejó adorar por una mujer de mala reputación. El Señor no le dijo a la mujer algo así como: "Espera, no me toques, primero tienes que ser santa". No esperemos ir a Cristo limpios, pues quien nos limpia es Cristo.

Así como Simón, muchos se escandalizan al ver en una iglesia al que consideran poca cosa, pero fue por esa gente que vino Jesús: (Marcos 2:17), (1 de Corintios 1:27-28). De la "mujer pecadora" destaca la manera especial que tuvo para mostrar su agradecimiento al Señor por haberla perdonado.

No vayamos a Dios solo en necesidad, ni nos olvidemos de Él cuando nos responda, así como los nueve leprosos: (Lucas 17:11). El episodio en casa de Simón encierra la gran verdad de que a quien poco se le perdona, poco ama. Muchos se creen perfectos, y por eso les importa poco buscar de Dios.

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