LA MALDICIÓN DE ACÁN Y EL PECADO OCULTO
"La maldición
de Acán y las consecuencias del pecado oculto" (90)
Pastor Henry Vivas
(WhatsApp +505 8960 5699)
Desde que Josué tomó el liderazgo de la nación
israelita designado por Dios para suceder a Moisés, todo le iba saliendo muy
bien, ya que se estaba cumpliendo la Promesa del Señor de que, así como estuvo
con Moisés, también estaría con él para alcanzar la Tierra Prometida. (Josué
7:1).
Quizás presa del miedo por semejante tarea que
tenía por delante, el Señor le dijo a Josué tres veces que se esforzara y fuera
valiente, que no temiera ni desmayara, que su camino sería prosperado, y fue
así que obtuvo grandes victorias como la toma de Jericó, pero, de repente, algo
falló.
Una de las batallas malogradas se produjo cuando
Josué envió a sus hombres a combatir a la ciudad de Hai, donde, en vez de
obtener otra victoria como se suponía que sería, porque Dios prometió estar con
Josué, volvieron derrotados. Fue entonces cuando el guerrero cuestionó al
Señor: (Josué 7:7).
Esto es algo típico de los seres humanos. Así
como actuó Josué, en el momento en que afrontamos una dura crisis o una
situación sumamente difícil, en vez de buscar alternativas de solución, una
salida o proponer planes, buscamos culpables, vamos en busca de que
"rueden cabezas".
Pero en vez de airarse con él, Dios le reveló que
la derrota en Hai ocurrió porque en el pueblo había anatema, una maldición que
impedía a Dios obrar a favor de ellos. Josué ordenó una revisión entre las doce
tribus, y es así que hallaron al culpable, un hombre llamado Acán: (Josué
7:18).
¿Qué aprendemos de este episodio bíblico? Entre
otras cosas, que cuando hay pecado oculto en nuestras vidas las consecuencias
son fatales, y que tarde o temprano todo saldrá a la luz: (Marcos 4:22):
"Porque no hay nada oculto (…) ni escondido que no haya de salir a
luz".
Como parte de la cizaña que cohabita con el buen
trigo en el mundo y en la Iglesia, hay muchos como Acán difíciles de detectar,
pues llevan una doble vida y esconden sus pecados procurando una buena imagen.
Saben que hacen lo malo, pero no les importa: adulterio, fornicación, incesto,
etc.
También hay un pecado que impide la bendición al hogar
cristiano, y es cuando se permite a familiares inconversos hacer lo que
quieran, por ejemplo, el hijo que tiene la casa como cantina o como motel. No
podemos obligar a nadie, pero debemos honrar a Dios poniendo reglas en el
hogar.
Hay anatema en el hogar con la posesión de
objetos, revistas, fotos de un pasado mundano, camisetas con imágenes
satánicas, viejos discos o casetes de música rock satánica, las llamadas
herraduras de la suerte colgadas a la entrada de la casa con imágenes de
elefantes para atraer la "buena vibra".
A esta lista de maldiciones y pecados ocultos se agregan
videos e imágenes en el celular no aptos para un hijo de Dios, el dólar de la “buena
suerte" que cargan muchos “dizque” cristianos para atraer, según ellos, el
dinero, ignorando que para el cristiano no hay buena suerte, sino Bendición de
Dios.
Debemos anular las obras de la carne que detienen
la bendición: (Gálatas 5:19). Dice (Santiago 4:17) que “al que sabe hacer lo
bueno y no lo hace, le es pecado”. Dios perdona el pecado por ignorancia, pero
la conciencia “suena la alarma” al hacer lo malo, a sabiendas de que es malo. (Hechos
17:30).
Por el pecado de un hombre, Acán, sufrió todo un pueblo. Un familiar inconverso puede corromper todo el hogar cristiano. Una persona que viva en pecado y se pare así en el Altar de la iglesia, puede contaminar toda la congregación, porque “un poco de levadura leuda toda la masa”: (Gálatas 5:9).
Comentarios
Publicar un comentario