LA MAYORDOMÍA CRISTIANA

"La mayordomía cristiana: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré" (100)

Pastor Henry Vivas (WhatsApp +505 8960 5699)

En la Biblia los cristianos somos llamados de muchas maneras como resultado del vínculo que nos une con el Señor: "Hijos de Dios", "Siervos" o "Amigos de Jesús", como Él Mismo llama a sus discípulos en el Evangelio de (Juan 15:15), pero también somos mayordomos, lo cual significa administrador.

El concepto de mayordomía cristiana empieza en el mismo inicio de la Biblia. (Génesis 1:1): "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Un versículo tan corto abarca la incuestionable realidad de que Dios es el Creador Absoluto de todo, y, por ende, tiene derecho total sobre su Creación.

Cuando en el trajinar de la vida diaria nos preguntemos qué sentido tiene nuestra vida en esta Tierra, una de las respuestas es que Dios nos ha puesto como administradores de todo lo que Él nos ha dado y confiado en nuestras manos, ya sea de carácter espiritual o terrenal.

No hay nada en este mundo que nos pertenezca, ni siquiera nuestra vida o la vida de nuestros hijos, porque también nuestros vástagos son propiedad del Señor. (Ezequiel 18:4): "He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía...".

(Génesis 1:26): "Hagamos al hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza y señoree…”. El Plan de Dios al formar al hombre fue que tuviera poder sobre lo creado y no al revés. Señorear es ser mayordomo, gestor, administrador, siendo la primera responsabilidad después de Dios, la familia.

Pablo era un administrador de la Gracia de Dios, según (Efesios 3:2): "... si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada...". Asimismo, (Salmos 24:1) destaca la potestad de Dios como Dueño Absoluto de todo: “De Dios es la tierra y su plenitud...”.

La mayordomía cristiana se extiende a los ministerios, dones y talentos de Dios a su Iglesia para hacer un buen trabajo como luz y sal, administrados con una buena mayordomía. (1 Pedro 4:10): "Cada uno según el don que ha recibido (...) buenos administradores de la multiforme gracia de Dios".

No existe nada de lo cual podamos sentirnos superiores a Dios o jactarnos, y si acaso nos gloriamos lo hacemos en el Señor, como dice Pablo en (2 de Corintios 10:17-18): “Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba”.

Al decir mayordomía cristiana, muchos piensan en administración del dinero, pero va más allá de eso. También incluye saber administrar el tiempo y nuestro cuerpo. Administramos mal el tiempo con una vida desordenada, y perjudicamos el cuerpo cuando ingerimos alimentos nocivos para la salud.

Una buena mayordomía es saber administrar bien las cosas materiales que poseemos, la naturaleza, y hasta cómo le servimos a Dios en la mayordomía de la predicación del Evangelio: (Marcos 16:15). En (Lucas 16:1-14), está narrada la parábola del mayordomo que derrochó los bienes de su amo.

De nuestra mayordomía vamos a rendir cuentas a Dios, como nos informa (Mateo 25:14) en la parábola de los talentos. Seremos buenos mayordomos de nuestras vidas cuando nos neguemos a nosotros mismos, y dejemos que sea el Señor quien nos gobierne por entero: (Lucas 9:23).

No esperes que Dios te escale a niveles superiores si estás ejerciendo una mala mayordomía. Dios no trabaja con irresponsables ni con haraganes. (Mateo 25:26-30): “Respondiendo su señor le dijo: Siervo malo y negligente (...) echadle en las tinieblas de afuera, allí será el lloro y el crujir de dientes”.

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